El estilo de Audrey Hepburn
Hay muchas mujeres que nos han inspirado y han dejado huella en la historia por su estilo, más que por lo que llevaban. Audrey Hepburn (1929-1993) sin duda está en el puesto más alto de esta lista gracias a su buen gusto por la moda y la personalidad necesaria para llevarla.

Audrey tenía un físico muy especial, era muy delgada y de apariencia frágil… y una de las actrices más guapas y bondadosas que ha dado el mundo del cine. Aunque ella siempre rechazó la idea de ser un icono.

Los fotógrafos que la retrataron decían que no podían hacerla parecer más guapa de lo que en realidad era.

Para Audrey, la ropa significaba mucho más que simple materialismo, era una forma de expresión. A pesar de no ser el prototipo de belleza existente en los años 50-60, supo captar la atención del mundo con su atrevida actitud. Ella tenía mucho más que ofrecer a los cánones de belleza de su época y enseñar una lección sobre confianza en sí misma.

Pero no sólo sus estilismos la convirtieron en una estrella, también jugó un papel muy importante entre las mujeres más jóvenes expresando abiertamente sus opiniones y personalidad sin dejar de ser elegante y cortés -dos cualidades muy valoradas por aquel entonces en una mujer-.

Las mujeres de la época querían parecerse a ella y sus vestidos fueron de los más imitados en los años 50 y 60. Sus peinados, siempre de moda, fueron muy imitados, incluso la forma de sus cejas.

Le encantaban los vestidos de corte recto y en colores lisos, los trajes de chaqueta de pantalón y falda, las faldas con vuelo combinadas con camisas lisas o jerseys de cuello cisne, los pantalones capri, los pichis, las gabardinas, pañuelos en la cabeza etc

Sus estilismos de fiesta eran increíbles: faldas con vuelo, vestidos (tanto largos como cortos) con adornos y brocados… los tejidos de esos vestidos siempre eran muy ricos: tules, rasos, tafetanes etc.

Sin duda, aparte de su estilo, lo más significativo y digno de mención fue su labor humanitaria con Unicef.