Stella McCartney en la pasarela de París 2010


Siguen los desfiles en París, la ciudad que pese a la competencia de Milán o Nueva York, continúa siendo la capital de la moda, el lugar donde los diseñadores de todo el mundo ansían mostrar sus propuestas. Por eso Stella McCartney, pese a sus raíces británicas, prefiere enseñar sus diseños en París.

La hija de Paul McCartney ha presentado una colección que podría, perfectamente, haber sido diseñada para la temporada de primavera-verano. Los minivestidos, las transparencias y las blusas y chalecos sin mangas protagonizaban el desfile.

Para el día, las propuestas son sencillas y ponibles. Colores sobrios como el blanco y el negro, el beige o la gama de los grises en pantalones, conjuntos de traje y chaqueta, chalecos y jerseys de punto fino perfectos para ir a trabajar o para el día a día. Destacan especialmente los abrigos tres cuartos, cruzado y de color blanco puro. El estilismo se completa con zapatos muy sencillos y de poco tacón.

La noche es menos sobria y algo más atrevida, con vestidos muy cortos. Stella McCartney opta por el corte asimétrico, ya sea en vestidos sin mangas y con un hombro al aire, como con manga larga y el otro hombro al aire. Las asimetrías también estaban presentes en la largura de los vestidos, por encima de la rodilla por delante, y con cola por detrás.

Los colores, siempre lisos, iban de los naranjas y rojos brillantes a tonos nude (tan de moda en tantísimas colecciones de París) o el clásico negro.

La sencillez de los cortes y de los colores, sin ni solo estampado, estaba además enfatizada en el look de las modelos: pelo recogido, nada de joyas ni de complementos.

En definitiva, una colección sencilla en sus prendas de día y algo más atrevida y juvenil para la noche.

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